Inauguramos Pluma y Guitarra con Manuel Ortiz Guerrero, Manú: poeta guaireño, voz profunda de nuestra sensibilidad y compañero inseparable de la guarania junto a José Asunción Flores. El 8 de mayo de 1933 partió físicamente, pero su obra quedó encendida en versos que todavía nos nombran.
La Asunción de 1915
Para entrar en su historia viajamos a la Asunción de 1915: el Teatro Nacional —hoy Teatro Municipal Ignacio A. Pane—, los salones del Unión Club, una ciudad que todavía miraba a Europa pero donde ya empezaba a latir una voz paraguaya propia.
Esa noche fue elegida María Anselma Heyn Denis, Anselmita Heyn, recordada como la primera Miss Paraguay. Su belleza impresionó a la sociedad de la época y también a un joven poeta que había llegado desde Villarrica para estudiar y abrirse camino con la palabra: Manuel Ortiz Guerrero.
De aquel deslumbramiento nació «Ofrendaria», poema publicado en 1915 en la revista Letras. Allí Manú no describe solamente una belleza: convierte una aparición social en imagen poética, en devoción, en una escena que queda detenida para siempre en la memoria.
La leyenda del endoso lírico
Años después, la tradición popular agregó otro capítulo: el famoso billete de 50 pesos y el endoso lírico. Cuenta la leyenda que Anselmita quiso pagar aquellos versos y que Manú, herido en su orgullo de artista, devolvió el dinero con un soneto donde afirmaba que no todo en este mundo es mercancía.
Los investigadores advierten que el detalle del billete pertenece más al territorio de la leyenda que al documento firme; pero lo esencial sigue vivo: para Manú, la poesía no tenía precio.
Y ese es el punto donde el poeta deja de ser solamente un nombre de manual. Manú fue enfermedad, pobreza, imprenta, noche y dignidad. Junto a Dalmacia, su compañera incondicional, fundó la editorial Zurucu’a, imprimió sus propios libros y transformó su fragilidad en una manera de resistir.
Un homenaje casi un siglo después
Después de hablar de Manú, uno entiende que su poesía no quedó encerrada en los libros. Salió a caminar con la gente: se metió en las casas, en las guitarras, en la memoria de quienes quizá nunca lo conocieron pero sintieron que ese dolor y esa dignidad también les pertenecían.
Casi un siglo después, esa semilla siguió dando flor. Carlos Tabel, hombre sensible y admirador profundo de la obra de Manú, sintió la necesidad de responderle con sus propios versos. No desde una cátedra ni desde una estatua, sino desde ese lugar sencillo y verdadero donde el pueblo guarda a sus poetas: el agradecimiento.
Carlos Tabel le dedicó a Ortiz Guerrero un poema cargado de respeto, nostalgia y emoción. Y como suele pasar con lo que nace verdadero, esos versos encontraron música: el maestro Antonio Ovelar los transformó en canción —«Te recuerdo Manú», en la voz de Los Cumbreños—, y así aquel homenaje personal pudo llegar a más voces, a más guitarras y a más corazones.
Porque cuando un poeta cala hondo, no muere del todo. Sigue hablando en la voz de otros. Sigue encendiendo guitarras. Sigue encontrando, muchos años después, a alguien que le dice: «te recuerdo, Manú».
La dignidad que no se apaga
Cerramos este primer viaje de Pluma y Guitarra con los acordes de «Ne rendápe aju», una de esas obras donde el ruego amoroso se vuelve patria sentimental. Manú murió joven, a los 38 años, pero nos dejó una certeza: el arte que nace de la dignidad no se apaga con la muerte.
Hoy lo vimos frente al brillo de Anselmita, frente a la leyenda del billete, frente a su imprenta Zurucu’a y frente al homenaje de quienes, mucho tiempo después, siguieron sintiéndolo cercano.
Esto fue Pluma y Guitarra en Tiempo Bohemio. Salud, bohemios.