La hija detrás del escenario
Hilda agradeció el gesto de recordarlo: "Él se merece; es nuestro mariscal". Contó que la gente todavía le envía mensajes, videos y grabaciones cantando sus temas, y que ese cariño la emociona y la ayuda a sanar. Reconoció, además, que recién con su partida dimensionó lo enorme que fue su papá, porque para ella siempre fue, simplemente, papá. "Lo que él sembró, nosotros lo estamos cosechando ahora."
Una casa que es un museo
Su hogar —sigue intacto, un verdadero museo de su trayectoria—, donde todo sigue teñido del negro y amarillo de Guaraní, el club de sus amores; estuvo en la cancha cuando el equipo salió campeón en 1984. Nos habló de su independencia a pesar de la ceguera: "conocía de memoria dónde estaba cada silla y cada mesa, incluso aquella mesita blanca de veinte años, con la pata gastada que él mismo calzaba para nivelarla y que la familia quiere conservar tal cual, como recuerdo".
El río, el coraje y un padre amigo
De la niñez recordó cómo aprendió a nadar: "papá me soltó en medio del río diciéndome que me defendiera, con mucho coraje, así aprendí", resumió. Enseñanzas de otra época, a veces bruscas, pero con él siempre cerca. Esa relación de padre, amigo y confidente —"a nivel de cuate", dijo— marcó toda su vida.
A pesar de la ceguera "lo veía todo"
Don Quemil sobrellevó la ceguera con una entereza que asombraba. Se levantaba de madrugada a nutrirse de las noticias y era tan perceptivo que parecía "un sociólogo": "estaba al día de todo". Contó también su deseo de que lo despidieran "bandapúpe" y su pedido de cremación, para tener su urna en casa, cerca de los suyos.
La albirroja, siempre en el alma
No faltó el fútbol, otra de sus pasiones: "fanático de la Albirroja, saltaba y abrazaba a todos con cada gol". Hoy Hilda guarda grabado el audio de él gritando los goles de Paraguay y nos cuenta: "Vestí la albirroja con el alma."
El legado que sigue cantando
La charla cerró con gratitud. En la pandemia, Hilda recorrió el país con las ollas populares y en cada rincón encontraba a alguien que quería a su papá: cosechaba, así, la semilla que él había sembrado. Canciones como Lidia Mariana siguen sonando y convocando a varias generaciones. "Yo soy la hija más bendecida, porque tuve la gracia de estar con él hasta el último segundo."
Gracias, Hilda, por compartir este mborayhu (cariño) con toda la gente que nos escucha. Y gracias, Don Quemil, por cada purahéi (canción) que nos dejaste para siempre. 🎧 ¿Querés revivir este encuentro completo? Escuchá la emisión del 4 de julio de 2026 en nuestra sección Programas, y dejá que la voz de Don Quemil siga sonando.
